
KAMARADAS!
Ésto se acaba, y mañana tenemos la última oportunidad de gritarle al mundo que los verdaderos Hijos de Ucrania no han sido arrasados por los malditos vientos radioactivos sino que están aquí y más dispuestos que nunca a demostrar el verdadero poder del átomo. Unámonos, compañeros de la Duma, en esta ocasión única pues, y cantémos al unísono una nana matruskiana que atenace el corazón de esos perros de la estepa y los hiele cual verano siberiano.
Tan sólo existe un camino hacia la gloria y siempre pasa por Chernobil.
¡SMIRNOFF!
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